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Objetos que ocupan el espacio

OBJETOS QUE OCUPAN EL ESPACIO Y TIEMPO NECESARIO (2019) 

Ignacia Maldonado. Periodista (Chile). Revista Arte al Límite  

www.arteallimite.com 

Guadalupe experimenta mirando las cosas desde su taller en Vicente López, en la Provincia de Buenos Aires. Bocetos al aire libre y un ruido en la costanera que le recuerdan algunos gestos de la infancia en Concordia, son su pasar. Para Guadalupe estas aguas provenientes de Concordia en Entre Ríos, parecieran ser una especie de dos naciones nativas que se mezclan, yaros, bohanes y gueonas, todos reunidos como bosquejos que susurran calma y libertad en cuestión de segundos.

 

Los caminos que ha recorrido esta artista le han permitido acercarse a lugares pocos comunes y pensar en las acciones cotidianas desde un origen de intención. Este estilo de vida pareciera aplicarse a cualquier aspecto de su existencia, tal y como presenta en La unión de las Formas. Cuando comenzó con este proyecto, Guadalupe pensaba en las disímiles partes que nos complementan como seres humanos, lo que la motivó a diferentes reflexiones en torno a la fragilidad de nuestro ser, logrando realizar una obra en la que experimenta con formas constantes y concéntricas que logran observarse, desde afuera, como puntos vibrantes, según sea el color de la forma.

“Veo a mis formas como objetos que ocupan el espacio que necesitan y es por esta razón que mis obras se relacionan más a una mimesis que a una abstracción”.

Estos puntos vibrantes podrían interpretarse como imaginarios culturales que logran capturar la pasión de una simbología religiosa envuelta en espiritualidad. Una gota de animismo que le da vida a pequeños objetos como las piedras que fueron hace un tiempo la base de la creencia Avá.

 

La obra está pensada para ser abordada por un color de esencia tras- lucida y que a la vez sea una textura como si existiera algo entre la piel y el color de las venas. Cada una de las pinturas refiere a diferentes ejes conceptuales donde –quizás– está entre ellos la idea de un tiempo; tiempo indómito por la circularidad de la textura, y la acumulación de figuras pensadas como órganos del cuerpo. Es así como aquellos limoneros, naranjos, perros, el pasto frondoso y una reja torcida, en- vuelven los constantes recuerdos de Guadalupe sobre el tiempo en que vivió en Entre Ríos. He ahí una especie de bujía que le señalaba el arte de la contemplación. “Para mí la forma es una consecuencia del color y cada color tiene su propia dimensión. Veo a mis formas como objetos que ocupan el espacio que necesitan y es por esta razón que mis obras se relacionan más a una mimesis que a una abstracción”.

 

Las herramientas utilizadas al momento de abordar este sutil trabajo, son por ejemplo, espátulas metálicas que ayudan a mover en fresco. La favorita de Guadalupe es una especie de punta plana que fabricó su madre para una de sus esculturas hace más de veinte años. Este proceso de trabajo es pensado meticulosamente mediante un registro que lleva a la mano: un libro donde diagrama y explora las formas para plantear una idea. Este ejercicio que lleva día tras día es donde puede, por instantes, encontrar el dialogo que le ayuda por medio de la intuición a materializar sus obras.

 

“No existe una narrativa en mi pintura. No tengo nada moral ni satírico pero sí creo que mi trabajo se sostiene por la historia de la pintura… desde lo más primitivo”, con estas palabras sinceras, la artista invita a los espectadores, a estar atentos a las simples señales: una conversión de situaciones que nos hacen preguntarnos quiénes somos realmente.

 

OBJECTS INHABITING THE RIGHT PLACE AND TIME

By Ignacia Maldonado. Journalist (Chile). Arte al Límite Magazine
www.arteallimite.com 


By Ignacia Maldonado. Journalist (Chile
Guadalupe experiments by gazing out the window of her studio in Vicente López in the Buenos Aires province. Drawing outdoors and the hustle and bustle of main streets remind her of childhood in Concordia. For Guadalupe, these waters from Concordia in Entre Ríos seem to be the convergence point for the two indigenous nations, where Yaro, Bohan and Guenoa peoples merge, all compiled in sketches that ooze serenity and freedom in a matter of seconds.

 

The paths she’s treaded have allowed the artist to visit remote places and to think about the intention behind our routines. This lifestyle seems to apply to all aspects of her existence, much like she presents in her series La unión de las formas. When she started out this project, Guadalupe thought about the different facets that make us human beings, which resulted in several reflections surrounding the fragility of our existence. Thus, she managed to create artwork exploring constant concentric shapes that can be seen as vibrant spots from the outside, depending on the color of the shapes.

“I see my shapes as objects that inhabit the space they need and, for that reason, my pieces rela- te to a sort of mi- mesis more so than an abstraction.”

 

These vibrant spots could be interpreted as cultural imageries that capture the passion of a religious symbolism veiled in spirituality. A dash of animism that breathes life into the small objects like the stones that were the basis of Avá beliefs some time ago.

 

Her work was conceived to be covered in a color that feels translucent and textured, as if there were something between the skin and the color of the veins. All the paintings refer to different conceptual axes perhaps with an idea of time lingering between them, an untamed time due to the circular nature of the texture and the sum of figures that were thought as body organs. That’s how the lemon and orange trees, dogs, lush grass and crooked fence envelop Guadalupe’s re- curring memories about the time she lived in Entre Ríos. In fact, there is a sort of driving force that pushed her to the art of contemplation. “For me, shape is a consequence of color, and every color has its own dimension. I see my shapes as objects that inhabit the space they need and, for that reason, my pieces relate to a sort of mimesis more so than an abstraction.”

 

The tools she uses when tackling this subtle work are, for instance, metal spatulas that help her move while the materials are still fresh. Guadalupe’s favorite one has a flat tip  that  her  mother made for one of her sculptures 20 years ago. This work process is meticulously thought-out through by keeping an account of everything: she uses a book where she lays out and explores the shapes of a specific idea. This day-long process allows her, at times, to find the discursive concept of the pieces she later finishes with her intuition.

 

“There is no narrative in my painting. There is nothing moral or satirical, but I do believe my work is sustained by painting’s history... from the most primitive,” with these sincere words the artist invites her viewers to keep an eye out for her simple signals: convergence of situations that make us who we are.

La doble naturaleza

LA DOBLE NATURALEZA (2013) 

Massimo Scaringella. Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina
www.fundaciontrespinos.org

 

En su búsqueda artística de estos últimos años, Guadalupe Ortega Blasco ha absorbido las sugestiones de la pintura abstracta de cuño minimalista para llegar a la elaboración de una pintura concreta de trama fitomórfica que, mirando más detenidamente, también es naturalista y antropomórfica. Sus pinturas, ahora de grandes dimensiones, desarrollan en estos espacios ampliados una visión completa de su “mirada al interior” de un cuerpo o de un volcán, donde la síntesis de la dimensión humana y la vegetal se compone y recompone a través de formas y colores tradicionales, en una apuesta entre el mundo mental y el sentimiento no mediada por la experimentación.

Tradicionales son también las formas que elige para representar este mundo, que asume un aspecto elementario o totémico, donde la naturaleza y la visión del cuerpo humano parecen salir también ellas de un inconsciente personal, en el que las formas y los símbolos se persiguen sólo aparentemente en una ausencia total de líneas rectas, con curvas que tienden a encerrarse en la figura del círculo, a menudo negro, recordándonos que más allá del umbral está la oscuridad y no sabemos con qué nos encontraremos.

Este adentrarse en un íntimo “agujero negro” reclama claramente una sobriedad en los colores, jamás intensos en su tonalidad, jamás deslumbrantes en su luminosidad, sino más bien al contrario: absorbentes de la luz. Las pinceladas determinan un canal del color que fluye con una sabia evolución de llenos y vacíos, dosificados con una calma aparente y una inquietud interior que en todo evoca a la búsqueda del Yo.

Con el lenguaje del inconsciente, la artista nos invita a confiar el mensaje poético a la imagen evocada y a través de ésta, el espectador atento podrá destilar de la experiencia artística de Guadalupe Ortega Blasco la urgencia de un formalismo que en rigor es un reclamo puntual al abstractismo clásico, que con amplias evocaciones al naturalismo, proclama una evidente vocación de posar su mirada profunda en el Yo y la naturaleza circundante

Este trabajo fue posible gracias a una beca de la Fundación Tres Pinos  (Ciudad Autónoma de Buenos Aires , Argentina)